Del confort del cliente a la seguridad ocupacional: dónde el control de ruido (y vibración) se vuelve un requisito operativo, normativo y de reputación.
En vehículos eléctricos e híbridos, el ruido de llanta, viento y “gear whine” se vuelve protagonista: así se ataca desde vibroamortiguación + absorción acústica, sin sobrecargar el auto.